Joan es el nombre de mi zapatero. El primer piso que alquilé fue en la plaza de Sant Felip Neri y Joan tiene su minúsculo taller justo enfrente. Empecé a llevarle todos mis bolsos a los que le falla siempre la cremallera y así le conocí. Él es un hombre pequeño, con manos pequeñas y las gafas siempre sucias del polvillo de su taller. Cuando le llevaba unos zapatos me miraba y me lanzaba una crítica certera: "con estos zapatos no puedes caminar bien, están mal hechos" o "vaya zapatos que hacen ahora" y yo pensaba que eran demasiado caros para estar mal hechos y que a la próxima compra debería haberlo consultado antes.
Hace una semana le llevé mis botas rotas, unas botas que han dado mil tumbos conmigo y que estaban muy destrozadas. Mi madre había intentado tirarlas a la basura tres veces y yo siempre llegaba justo a tiempo para salvarlas. Pensé en lo que le diría a Joan cuando se las llevará. "Si, ya sé que están hechas polvo, las pobres, pero me gustan mucho y las quiero conservar ya que tienen un gran valor sentimental".
Las vio y me dijo que estaban muy mal y que costaría que quedaran correctas aunque si así lo deseaba me podía hacer un apaño. "Será caro". "Me da igual".
Hoy las fui a buscar y me contó paso a paso toda la operación. Me fascina todo lo que les hace, me hizo un cosido a mano y me reforzó el talón y ahora están muy bonitas. Cuando lo vi dándole el último cepillado sacando una fuerza insospechada en él pensé que no tenía precio arreglar esas botas.
Me dijo que cuando llegara a casa les diera otro buen cepillado para acabarlas de secar ya que les había puesto una crema. Entonces le compré un cepillo para eso y otro para extender la crema, y la crema, ah!, y unas plantillas.
Ahora voy a dedicarme a sacar brillo a mis botas nuevas. Me dijo que tenía los instrumentos necesarios y que me lo podía pasar bien (he descubierto como sospechaba que Joan disfruta mucho de su trabajo). Justo lo que yo pensaba, que limpiar mis zapatos le sentaría bien a mi espíritu. Y es que tengo un poco de espíritu de zapatera.
3 comentarios:
L'imagino un home d'aquells que saben tant, del que cusen la filosofia amb les mans, un home d'abans, d'ofici i les coses ben fetes! m'has fet arribar l'olor del cuir, de la cola, un posat greu i unes sabates velles!
hola, guapísima,
antes de anoche después de hablar contigo me deleité con esta tu última entrada, y alguna otra ke no había leído... ¡es tan tuyo!
ké corazón, ké capacidad para ver mucho + allá de lo ke permiten un par de ojos...
he visto el brillo de las botas que ha sacado Joan , el reparador de las pequeñas cosas...Me ha traido recuerdos a las charlas de zapateria en la Argentina....( yo casi me sentia culpable por usar zapatos de mala calidad)
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