
En Puerto Ángel vive Pino, un italiano de sesentaycinco años que lleva más de veinte en México y que regenta un pequeño hotel en ese pueblo pesquero de la eternamente cálida costa del Pacífico.
Pino nos adoptó en cuanto cruzamos el umbral de su casa de huéspedes, una casa limpia y humilde. Nos prestó su cocina y se alegró mucho de poder hablar italiano con Fabrizio. Él es de Genova y conserva sus antiguos ideales comunistas aunque estaba muy desengañado con la Italia de Berlusconi. Echa de menos su tierra pero piensa que, después de pasar tanto tiempo exiliado, allá nada le espera. Se siente solo, a veces. Por eso compartimos más de una velada con él tomando el fresco en el porche.
Una noche nos contó la historia de Tatiana, una chica italiana que "recogió" y que vivió con él durante un año. Hasta que se tiró por las escaleras de roca del pueblo (una gran bajada al mar, un abismo), parece que intentándose suicidar. Sobrevivió. Quedó muy magullada y se la llevaron al hospital de D.F. Pino tuvo que entrevistarse con la policía, con la embajada italiana, con el hermano de la chica que llegó para saber qué había ocurrido y llevarse a su hermana.
Pino creía estar ayudando mucho a la chica y no le perdonó que se tirara ni que le metiera a él en ese lío. El hombre la cuidaba como a una hija, "le cocinaba, le lavaba la ropa, le compraba cigarrillos". Nos contó que ella fumaba mucho, leía mucho y bebía litros de café. Dice que era hermosa y que tenía unas manos divinas que convertían todo lo que tocaba en una obra de arte que luego vendía a los turistas por unos pocos pesos. De eso vivía.
Hasta que un día saltó volando por los aires, quizás creyéndose un pájaro.
Después de la desgracia Pino quedó esperando noticias. Ella nunca volvió a recoger sus cosas y cuando, un mes y medio después abandonó el hospital, regresó a Italia sin llamarlo. El hombre decía que ya no quería saber nada de ella. Quemó y dió parte de sus cosas. Se qeudó con lo que más le gustaba, un retrato "perfecto" de Zapata que hizo Tatiana y que él guarda para regalar, algún día, al centro Emiliano Zapata. También guarda sus diarios. Le dió la vuelta a la libreta y en ella anota sus gastos con gran minuciosidad.
Nos enseñó ese diario de Tatiana, escrito en italiano en su mayoría aunque tiene trozos en español. Unos escritos inquietantes, muy muy tristes. Muy muy oscuros. A ratos incomprensibles.
Yo no sé quién era su amor pero la última anotación del diario, pocos días antes de la tragedia, habla de que la persona a la que ama está enferma y pide ayuda a Dios. No sabré nunca qué pasó durante esos días. Solo que el día uno decidió saltar de las escaleras.
O a lo mejor pensaba que podría volar.
Bella Tatiana...
El rincón de mundo que habitaste en Puerto Ángel te piensa.
Te pensamos aunque no te entendamos. Aunque no podamos entenderlo todo.