Parece que estas palabras llegan tarde pero la vida me ha envuelto en unas hazañas que no me han dejado mucho espacio para escribir.
He estado buscando mi espacio y lo he encontrado. Estoy empezando una nueva etapa. Supongo que estoy entrando en la madurez ( o eso dicen).
Ahora he encontrado un lugar para vivir y yo misma me he convertido en el lugar de alguien. Participo de la creación mágica de la vida.
Quería despedirme de este blog que me ha ayudado a teneros cerca. Sé que os voy a tener cerca en el próximo.
Ahí estaré.
Hasta el próximo encuentro!
lunes, febrero 11, 2008
viernes, agosto 10, 2007
Prefiero...
Prefiero escribirte porque no puedes interrumpirme. Entonces no vacilo y todo sale seguidito y coherente. Bueno, más o menos coherente, y menos seguidito de lo que parece.
Siempre me han fascinado las casualidades, ese tejido que se teje con el azar sobre nuestras cabezas y que nos unen a determinadas personas en nuestra vida para hacer un tramo del camino juntas. Y te das cuenta de que tenía que ser así, algo como el eslabón necesario para que la cadena siga su curso. Vivir a ritmo de jazz, amar la cordura y rozar la locura cada poco. Perder el norte y encontrar de nuevo el camino.
Una camisa arrugada y un pantalón es todo lo que llevo puesto: preparada para todo y con ganas de más. Empiezan cosas nuevas. He comprado un cuaderno nuevo, de tapas duras y con las hojas de un blanco impoluto en el que espero escribir con ilusiones renovadas. Unas ilusiones que son un maremágnum de sentimientos y de sensaciones todavía sin estrenar...Tengo tanto jaleo que me cuesta poner las cosas en limpio. Esa limpieza es siempre relativa porque, como en la vida, lo que más me atrae son retazos variados, en letras y colores distinto. Una libreta collage. Una vida recortada y pegada.
Y no me quejo. Es que me gusta. No hace falta decir nada más, todo sobra...
No me des consejos porque al final siempre hago lo que me da la gana.
Sólo escúchame.
Cállate un ratito.
Escríbeme.
O busca una excusa buena para no responder a mis llamadas.
viernes, julio 27, 2007
Vacaciones licenciosas
Sigo en la isla, feliz y serena. Dándole vueltas al hecho de pasar el invierno aquí también. De momento todo se deja disfrutar..."a la vora del mar".
Sigo en la isla, desde donde guiñé un ojo al avión con la butaca vacía mientras me regalaba un bañito en la calita en la que todos los días parecen domingos liberados de las estrecheces de los lunes.
(Tienes razón,
yo también pienso que hubiera sido cursi una despedida programada.)
Además...
ahora ya estoy licenciada.
miércoles, junio 20, 2007
Revisiones
Parece que a la tercera va la vencida y hoy, por fin, después de otro viaje largo, he podido verme sentada en su despacho para escuchar la valoración que de mi trabajo había hecho. Al entrar la he visto sentada tras una montaña de papeles fotocopiados y grapados que parecían preparados para recibir a un tropel de alumnos.
Supongo que el mismo alud de alumnos que fueron desapareciendo a lo largo de este curso el cual, por sus mil circunstancias mal impartió y que, mire, yo le digo ahorita, que ya no volverán. Nos quedamos cuatro en un grupo que fue desintegrándose y, según me confirmó otra chica esperanzada frente a su despacho con la cita, tan sólo seis de otro grupo que también desfalleció en el camino. Un camino de ausencias y de abandono al que sólo decoró con alguna clase que a pesar de querer ser profunda tan sólo consiguió apuntar algunos temas.
Hoy me ha dicho que mi examen le parecía pésimo y que apenas había apuntado cuatro rasgos de la imitación compuesta. Yo no he sabido que decir y me he quedado allí sentada, medio muriendo, con "un no sé qué que queda balbuciendo" y que al final no dice nada. Luego he pensado que no hubiera estado mal enseñarle mis apuntes, o los apuntes de alguna compañera (no sea que se diga) sobre ese tema en concreto. Para que vea lo que es realmente pésimo o la idea de lo que para mi es apuntalar un tema (y tan cargadita de apuntes que venía, y lo frágil que se la veía).Pues sepa que amplié un poco los conocimientos y que me leí el texto de Lázaro Carreter...sí, sí, recurrí a las fuentes: no nos queda otro remedio si el río corre seco.
Pero me reservó la buena noticia para el postre y me dijo que había hecho un trabajo excelente. Que se notaba que lo había disfrutado y que había aprendido mucho con él. Y que gracias a esa labor pues me ponía un seis. Que siempre pone de mal humor suspender y que ella nunca solía desconfiar de los alumnos así que lo aceptaba como mío: el trabajo y el mal día en el examen, como si ambas cosas no tuvieran relación.
Deseo que sepa, señorita, que el trabajo no lo copié de ningún sitio. Si recogí de los libros y de las personas sabias fue por seguir un poco lo de la imitación compuesta (que como sabrá, del Lazarillo, casi todo está dicho) y me ceñí a ir anotando todas las citas que copiaba (eso sí, también reconozco que olvidé apuntar las páginas: mea culpa, mea máxima culpa). Siento que dudara en algún momento de mi pequeña originalidad recopiladora y redactora por culpa de haber tenido un maldito día frente a un maldito examen.
Le quiero dar las gracias por haberme dado la posibilidad de guardarme la nota del trabajo y permitir que me pudiera volver a presentar al examen de septiembre, pero no, gracias, pero yo no soy chica que se crezca en los exámenes y menos cuando se han dado tan pocas clases. Mire, yo soy supersticiosa, y por las circunstancias, por lo que sea, y sobre todo por lo que le pueda pasar a usted, o a mí, o al clima, o al tren (que el tiempo a veces no es nada benévolo) Y digo yo que más vale un seis en mano que una licenciatura volando (que además hace demasiado tiempo que vuela y ya más bien parece un buitre)
No ha sido mi ánimo el de importunar a vuestra señoría con mis humildes palabras pero a lo que agora a mi me queda por hacer, y creo que es mi merescimiento, es decirle (muy a mi pesar y con todo el mal humor que me va a acarrear esta decisión) que la SUSPENDO. Pero puede volver a intentarlo. Es más, deseo con toda mi alma y por el bien de sus futuros alumnos, que nunca cese en el intento
miércoles, febrero 21, 2007
Trenes que perdemos y trenes que esperamos
Perdí el tren porque hablamos demasiado y porque no me sentía impulsada a correr. Caminaba deprisa hacia la estación con una especie de convencimiento inútil. Como el que me agarra a veces cuando paso las páginas de un libro con la cabeza en otra parte, sabiendo que ese pasar página es solo acumular palabras al otro lado. Estaba mareada pero pensé que me aliviaría ir a la universidad aunque llegara tarde. En definitiva solo quería que se me pasara ese malestar. Pasar de clase como si de una página se tratara intentando sobrellevar todo el cuerpo en medio de tanta gente.
Cómo nos acumulamos en las estaciones, en los trenes, en las calles!!! Qué pesado me resulta a veces!!!
Para alargar esa duda que no conseguía distraer el otro tren se dignó a llegar casi media hora tarde. Unos se pierden y otros se esperan. Qué vida tan jodida!!!
El tren paró en Centellas y cuando las puertas estaban a punto de cerrarse salté. Miré mis manos para ver si lo tenía todo, me puse la chaqueta y respiré tranquila. Pasar por pasar prefiero sentir que no he perdido el día.
viernes, febrero 09, 2007
Joan
Joan es el nombre de mi zapatero. El primer piso que alquilé fue en la plaza de Sant Felip Neri y Joan tiene su minúsculo taller justo enfrente. Empecé a llevarle todos mis bolsos a los que le falla siempre la cremallera y así le conocí. Él es un hombre pequeño, con manos pequeñas y las gafas siempre sucias del polvillo de su taller. Cuando le llevaba unos zapatos me miraba y me lanzaba una crítica certera: "con estos zapatos no puedes caminar bien, están mal hechos" o "vaya zapatos que hacen ahora" y yo pensaba que eran demasiado caros para estar mal hechos y que a la próxima compra debería haberlo consultado antes.
Hace una semana le llevé mis botas rotas, unas botas que han dado mil tumbos conmigo y que estaban muy destrozadas. Mi madre había intentado tirarlas a la basura tres veces y yo siempre llegaba justo a tiempo para salvarlas. Pensé en lo que le diría a Joan cuando se las llevará. "Si, ya sé que están hechas polvo, las pobres, pero me gustan mucho y las quiero conservar ya que tienen un gran valor sentimental".
Las vio y me dijo que estaban muy mal y que costaría que quedaran correctas aunque si así lo deseaba me podía hacer un apaño. "Será caro". "Me da igual".
Hoy las fui a buscar y me contó paso a paso toda la operación. Me fascina todo lo que les hace, me hizo un cosido a mano y me reforzó el talón y ahora están muy bonitas. Cuando lo vi dándole el último cepillado sacando una fuerza insospechada en él pensé que no tenía precio arreglar esas botas.
Me dijo que cuando llegara a casa les diera otro buen cepillado para acabarlas de secar ya que les había puesto una crema. Entonces le compré un cepillo para eso y otro para extender la crema, y la crema, ah!, y unas plantillas.
Ahora voy a dedicarme a sacar brillo a mis botas nuevas. Me dijo que tenía los instrumentos necesarios y que me lo podía pasar bien (he descubierto como sospechaba que Joan disfruta mucho de su trabajo). Justo lo que yo pensaba, que limpiar mis zapatos le sentaría bien a mi espíritu. Y es que tengo un poco de espíritu de zapatera.
viernes, febrero 02, 2007
Proposiciones indecentes
Se levantó tambaleante como si le hubieran dado una paliza. Sus ojos ya no brillaban y su boca permanecía sellada. Parecía que la quietud de la mañana se había transformado en sentimiento de culpa (de quién?). Se vistió lentamente en silencio. Vi la camisa negra y el pelo revuelto cruzando el espejo de la habitación. Oí el estruendo de la puerta lejana al cerrarse. Entonces desperté.
Sonó el teléfono y su voz me hablaba como si no hubiera estado hacía unos minutos conmigo.
"Estoy en casa, había pensado si te apetecía ir a comer algo y pasear por el mar, hoy hace un día precioso". Colgué sin contestar. Lo hice por él. Dejé el teléfono descolgado y entré en la ducha.
Debo empezar a soñar cosas felices.
jueves, febrero 01, 2007
La Alhambra

Pronto hará más de cuatro años que estuve en Granada por primera vez. En esa ocasión no pude visitar la Alhambra porque era época estival y todas las entradas estaban vendidas. Fue una gran decepción a pesar de que sentía que ya conocía sus rincones de antiguo.
Todavía no sé cómo empezó pero siempre hablábamos de la Alhambra con Tono. Él la conocía y me explicaba sus bellezas, me contaba cómo era Granada y lo bonito que era pasear por el barrio alto y blanco del Albaycín o por el paseo de los tristes. Sus palabras me llenaban la imaginación con ese paseo que, descubrí ahora, se llama así porque antes llevaban por él a los muertos de camino al cementerio.
Con mi amigo planeábamos un viaje a Granada pero el tiempo pasaba y parecía que el destino nos separaba. Él se marchó a trabajar a Caracas y desde allí me mandó un regalo: era un fotocomposición que había hecho con dos fotos. En primer plano mi rostro mañanero de un día medio soleado de otoño frente a la Barceloneta (eso solo lo sé yo ,y él;y también sabemos los dos que era uno de sus barrios favoritos de Barcelona, por el mar)frente a un fondo donde aparece el imponente perfil de la Alhambra. Conservo esa foto ficticia como un tesoro, como una muestra de que algún día esa viaje se haría realidad. Así ,de cierta forma, nos unió la Alhambra y cuando por fin pude ir fue con él. Quedamos en la estación y vagamos juntos y alegres por ese camino triste que me pareció el más bello del mundo. Mi única pena fue que no pude ver el palacio por dentro y me fui con la certeza de que algún día regresaría.
Hace pocos días volví sobre mis pasos y regresé a Granada para entrar en la Alhambra y reencontrar a una amiga. Me levanté temprano y recorrí toda la ciudad a pie para llegar a sus puertas. Subí la cuesta escuchando la caída del agua. Lunes de frío y llovizna. Sin problemas para la entrada. Vería un palacio de invierno en el que sólo se olía el laurel pero con tal intensidad que todavía llevo el aroma pegado al recuerdo. Estaban plantando alhelíes y podando los setos. Andé sus rincones y vi sus palacios. Sus muros están cubiertos de poesía árabe y de filigranas en yesería y cerámica. Lo que era morada de sultanes es también un paraíso en la tierra. Mientras paseaba por allí mi soledad pensaba muchas cosas y entonces me aparecía la esposa de Boadbil con su cabellera larga y negra, y sus ojos profundos. La veía junto a un cabellero abencerraje muy hermoso, los dos bajo el ciprés ahora herido de muerte pero ocupando todo su espacio en el patio. Y me estremecí cuando ví la mancha roja en la sala de los Abencerrajes, donde dice la leyenda que degollaron a esa noble alcurnia de caballeros. En realidad era imposible sentirse sola ante tanta historia, ante tanta obra de arte irrepetible.
Se hace difícil creer que todo eso haya sobrevivido tan bien al paso del tiempo. La tradición popular dice que en ese lugar todo está protegido por un hechizo. Será que todavía todos esos personajes legendarios la habitan para guardar sus tesoros. Será que simboliza mucho más que un palacio oriental en una cumbre occidental que se alza como atalaya de la ciudad para mostrarnos su verdad. Será que en él se unen dos grandes culturas, dos religiones, dos mundos que han quedado unidos eternamente. El símbolo de la amistad que reencontré, el símbolo de la amistad que paseé y que sigo conservando.
jueves, enero 25, 2007
Lechuguero
Por fin terminé los exámenes de febrero. Me enfrenté al último con miedo y me puse aún más nerviosa cuando vi en qué consistía. Empecé a evolucionar la palabra y no me lo podía creer...lechuguero. No puede ser. Lechuguero no existe. Me sobraban letras, me sobraban yods, pensé que podría ser lechuga, lechoso, incluso que iba muy mal y que debía ser lechucero. Intenté trampear. Cuando al fin me levanté, colorada y acalorada, y le entregué el examen a la profesora me dijo que era lechuguero.
Sí existe, según el diccionario de la RAE: del latín lactucarius. persona que vende lechugas.
A día de hoy todavía me parece un insulto: lechuguero, que eres un lechuguero!!!
Suerte que terminé los examenes. Y hoy me voy a Granada a celebrarlo.
jueves, enero 18, 2007
La lluvia
Llueve. Llueve sin parar desde hace tres días y todo está húmedo. El piso viejo huele a moho y la ropa, que lleva tendida toda una historia de inundación, permanece mojada. El agua de invierno te cala los huesos, como diría el poeta te humedece al alma. A través de estas tardes te das cuenta del paso del tiempo, de su peso, de su ruido de gotas que no cesan.
Hoy la tarde se me ha caído encima y he tenido la imperiosa necesidad de salir. La voluntad de pasearme bajo esta lluvia que no se interrumpe y que choca obsesivamente, como una idea fija, en mi paraguas.
Después de recorrer las calles cercanas me he refugiado en el bar de delante de casa. Uno de esos bares de barrio nada modernos de los que ya quedan muy pocos en el centro. Un bar de generaciones, de carajillos y máquinas tragaperras, un sitio que hoy me tranquiliza porque beber sola en un sitio así un día como hoy es lo más natural del mundo.
Me queda el último trago de cerveza, ya tibia. La gente no para de entrar buscando cobijo, supongo que muchos son extraños como yo, personas que no suelen entrar en este bar y que hoy acompañan con indiferencia a sus habituales. La lluvia siempre perturba la rutina y eso me relaja, es un paréntesis en la vida, aunque la humedezca. Cuando llueve cosas inadmisibles son toleradas, las normas se transgreden: los semáforos se apagan formando el caos, los coles se vacían, el tráfico se vuelve insoportable, la puntualidad(ya de por si escasa) desaparece y las citas se anulan en silencio. Las tiendas modernas se llenan de periódicos esparcidos por el suelo, pisas charquitos de agua color gris-marrón-lechoso, una suciedad natural nos invade. Entonces te alegras de no haber limpiado los cristales o te enfadas porque se ha mojado la ropa (la que llevas o la que olvidaste lejana y tendida).
Algunos curiosos me miran. Las máquinas no dejan de funcionar y yo me imagino a mi padre frente a una de ellas. Siento sincera compasión por ellos y por sus familias, si las tienen. Tal vez porque los paseos con mi padre solían reducirse a eso (y entonces dejan de ser paseos reales para convertirse en etiqueta del recuerdo).
Como buen jugador mi padre era supersticioso y de vez en cuando, después de levantarme en vilo y sentarme en un taburete alto, me animaba a apretar el pulsador. A veces era rojo, otras de un verde o amarillo chillón, y a mi me gustaba la musiquilla que salía de aquel aparatejo singular. Luego, al llegar a casa, sufría el interrogatorio de mi madre que necesitaba corroborar lo que ya sabía de antemano.
Por entonces ya vivían como completos desconocidos. Cuando lo pienso me doy cuenta de que tuvimos una vida llena de malentendidos, y..."entonces todavía te veía como el hombre más fuerte del mundo, lo único omnipotente de mi vida: eras indestructible".
Me duele la cabeza, tengo frío. La puerta del bar está abierta. Iré a casa a arrebujarme de nuevo entre las mantas. Con un poco de suerte vendrá alguien y me sacará esta sensación de encima; volverá a hablar de cosas superficiales. Dejaré la compasión a un lado para vivir sin pensar, solo deseando que el día acabe deprisa, que cese la lluvia y que pase el tiempo sin notarse tanto.
Por supuesto no le contaré a nadie que hoy estuve en este bar, que he salido de casa con la lluvia.
No para de llover...
miércoles, enero 17, 2007
Antonio Avellana
Antonio tiene la misma textura que Rodiguiña, Flema, Martín, el Polilla o el hermano de Monique. Un día empujé esa puerta y allí me lo encontré, solícito, dispuesto a explicarme los caminos de ese mundo paralelo. Nuestro mundo.
Antonio se enfada cuando lo llamo por su nombre. Me dice que prefiere Toni, aunque a mi no me gusta el diminutivo y me gusta en cambio que se enfade. Su enfado es como un intento, se pone serio pero no le sale. Será que solo sirve para sonreír. El disgusto que le produce es un nerviosismo que solo aviva la llama de sus ojillos y le hace abrir la boca involuntaria al deseo de hacerse imponer.
Un día lo vi durmiendo en el sofá y no quise despertarlo. Me estiré a su lado, bien apretadita, intentado percibir sus olores. Metí la nariz en su boca entreabierta y también bajo sus axilas. Espié bajo su ropa y vi su pecho peludo, como un cojín. Tiene el sueño profundo y no se despertó cuando lo vestí de nuevo y me fui a estudiar.
Él dice que tiene los ojos marrones aunque está claro que son de color avellana. Hace poco me dijo que se iba a pasar unos días a la montaña. Lo echo de menos aunque ahora tengo todo el sofá para mi. Y me imagino su cojín suave y sus ojos brillantes. Me pierdo un poco en este mundo suyo pero pronto volverá para explicarme sus aventuras alpinas. Desearía que a su regreso no empiece a hacer cosas raras porque últimamente andaba muy suelto y parecía pasar de mis descripciones. Supongo que es normal, que al final, esos amigos imaginarios se nos rebelen y cobren vida propia.
Eso sí, cuando vuelva espero que siga teniendo su sonrisa, su cojín, sus ojos de color avellana y que continúe enfadándose cuando lo llame Antonio. Antonio Avellana.
jueves, enero 11, 2007
Visita México I

México es un país fascinante. Los océanos bañan sus costas, y también el mar caribe...que aunque parece plácido, con sus colores turquesa y su remanso en las playas blancas, se las trae. México atrae por sus contrastes, por su capital enorme y cosmopolita, por sus bonitas playas, por sus ciudades coloniales repletas de historia, por sus desiertos enigmáticos, por sus ruinas aztecas, mayas, toltecas...por toda esa fuerza que contienen sus piedras.
Y caí en el DF sin querer, justo porque el Wilma había azotado Cancún y la costa del caribe. Crucé sus cielos atravesando el huracán y me encontré sobrevolando miles de casas, edificios cuadriculados y avenidas repletas de coches. Hay que tener en cuenta que el aeropuerto, con tanto crecimiento de la ciudad, ha quedado en el centro. Creo que nunca antes había sobrevolado tanto asfalto, tanta urbe. Mi primer viaje transoceánico llegaba a su fin...y se ponía el sol. Tuve una llegada crepuscular y vi como el sol acariciaba la ciudad. Y qué sol!!!!
Tuve que modificar la ruta pero fue bonito. Y los planes cambiaron en cuanto pisé el aeropuerto. Pensaba quedarme en DF solo un día pero el día se convirtió en una semana. Visité sus barrios, su Museo de Antropología, el bosque de coyoacán, las ruinas cercanas de Teotihuacan. Comí de maravilla, no sabía que la cocina mexicana, después de la francesa, es la más rica y variada del mundo...con sus moles con mil especias, su cacao perfumado, sus frutas multicolor (existen tantas frutas??!!), sus chiles picantes...Mmmhh!
Salí de noche como una condesa porque tuve la suerte de ser acogida por un vigatá diseñador afincado allí. Y me enseñó un poco de su vida. Incluso me llevó de visita a casa de su familia adoptiva, en el barrio de Polanco, una familia mixta de artistas donde me prepararon el primer margarita y me aconsejaron mil sitios para visitar.
Luego, ya partía para conocer otras partes del país. Llena de ilusión. Y conocí la pobreza y los autobuses de tercera con su traqueteo interminable. Descubrí que México está muy contaminado y que huele muy mal pero que eso cambia a 2800 metros de altura. Conocí a personas inolvidables que me contaron sus historias. Y yo escuché y contesté a sus preguntas. Me sentí afortunada de poder viajar y conocer. Algunas personas nunca se moverán de un lugar pero me enseñaron que el viaje también está en el interior. A pesar de eso lo quise atrapar e hice algunas fotos. Son fotografías de algo que hay que oler y sentir en la piel (como el polvo pegado) y ver con los ojos muy abiertos.
Ahí va mi primera parte del viaje. Nada más aterrizar y después de descansar un poco fui a la plaza más animada de la ciudad, en el zócalo. Allí vi la enorme bandera y la catedral española (que parece que esté a punto de caerse en cualquier momento). También visité las ruinas del Templo Mayor sobre las que los españoles construyeron su imperio. Hay un museo. Entré en el museo y no en la catedral...más que nada por miedo a morir aplastada. Ya saben que los mexicanos también son supersticiosos y dicen que a los españoles, cuando pisan tierras mexicanas, les ataca el mal de Moctezuma. Esa maldición se desata con violentas diarreas pero yo, que soy muy aprensiva en cuanto a los males de ojo, temí acabar sepultada bajo la ruinosa catedral de nuestros antepasados.
sábado, diciembre 30, 2006
Otro capítulo
"el único milagro real que existe es permanecer en calma" H. Miller
Me gusta el extravío. Y también me gusta la razón, la serenidad, la fuerza. La locura. También me gustas tú y tu ausencia. No-tú, como un no-sitio o como un sitio mil veces repetido. Me gusta pensarte, a veces, y abarcarte así: lejano y próximo a la vez....Tú inventado. Recreado. Y seguro reinventado en el futuro, amalgama de recuerdos, pasiones y dudas.
martes, diciembre 05, 2006
Transparència
A vegades sento que sóc transparent
que la pell m´abandona
que tots els sentiments s´escampen pel voltant i tothom els veu
(llavors no miro
però sé que em miren)
I quan em passa això no sé què fer amb tant de cos nu,
amb tanta carn viva...
Avui m´he passejat nua per Barcelona.
Viiiiiiiiiiiiivaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!
que la pell m´abandona
que tots els sentiments s´escampen pel voltant i tothom els veu
(llavors no miro
però sé que em miren)
I quan em passa això no sé què fer amb tant de cos nu,
amb tanta carn viva...
Avui m´he passejat nua per Barcelona.
Viiiiiiiiiiiiivaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!
jueves, noviembre 30, 2006
El arco iris
Te visité en aquél pueblucho de mala muerte. Fue por aquellos días en los que el frío llegó de repente, como llega siempre, sin avisar. Una de las primeras cosas que metí en la maleta fue el bikini. Y de nada me sirvió. Me dejaste un grueso jersey de lana y nos refugiamos en casa.
La primera tarde me enseñaste las fotos. Después de comer sacaste la caja repleta y la dejaste encima de la mesa. Tu vida en una caja. Fotos de acá y de allá.
En una de ellas aparecías tú junto a un amor catalán. Estáis en un balcón, abrazados y sonrientes. Al fondo aparece un arco iris perfecto. No sería una gran foto si no hubiera tenido ese arco de colores perfecto, pero el detalle la hace especial.
Entonces me contaste la historia. A tu novia le gustó mucho la foto y la amplió para colocarla en la casa que compartíais. Al cabo de las semanas empezaste a notar que el arco iris iba desapareciendo, al principio casi imperceptible, se iba difuminando en un cielo todavía de tormenta. Nunca se movió la foto de su sitio, nunca estuvo expuesta a ninguna luz fuerte y extraña pero el arco seguía borrándose. Y bromeaste diciendo que cuando desapareciera por completo se acabaría vuestro amor.
Y así fue. La foto permació intacta pero sin arco iris. Y tú te fuiste.
Ya sabemos que hay amores que duran poco. Otros duran un arco iris.
Suerte que en tu caja todavía aparece perfecto para contarlo.
lunes, octubre 30, 2006
Unas palabras
"Las palabras son siempre una creación de multitudes. Alumbran en la hora que se hacen necesarias como verbos de amor y comunión entre los hombres (...) Las palabras son humildes como la vida. Pobres ánforas de barro, contienen la experiencia derivada de los afanes cotidianos, nunca lo inefable de las alusiones eternas."
Valle-Inclán, La lámpara maravillosa
Leo un poco cada día aunque debo confesar que cada vez menos. Me conformo (?) con husmear en la premsa y buscar en esos blogs vuestros que siguen creciendo con las palabras que ahora no encuentro. Me pregunto dónde se habrán ido.
Recorto pedazos y me llevo artículos en el bolso que se van acumulando esperando a que los lea. Sumo ideas, cuelgo frases sueltas, hago planes que luego no cumplo, busco tiempo para ese café futuro, para volver a ver vuestra sonrisa, para escuchar vuestras palabras.
Quiero deciros que os pienso a pesar de que no se me escuche. Y que espero a que vuelvan a mi esas palabras y ese tiempo para el café. Que el estrés es algo que hay que digerir y que yo ando con el estómago revuelto.
Solo unas líneas para romper un silencio que no es misterioso. Que no está vacío. Es solo un silencio al que le faltan las palabras.
martes, septiembre 26, 2006
Treinta

Hoy cumplo treinta años. Y justo hoy me doy cuenta de que no he disfrutado los veintinueve (a la cifra, me refiero) porque ya hace un año que digo que tengo treinta. Creo que a partir de hoy, por esa regla absurda, tendré treintayuno...Pero no pienso repetir ese error. Voy a alargar estos treinta recién estrenados durante los próximos meses.
Ya soy toda una mujer.
Ejem,
miércoles, septiembre 06, 2006
Y punto
Hace ya algunas semanas recibí un punto. Será por esos accidentes que ocurren con los teléfonos que todos vamos usando o será porque necesitamos poner puntos a las cosas que nos molestan demasiado.
Prefiero pensar que fue un accidente de esos que se producen a altas horas de la noche, por la confusión que la oscuridad produce. Por las cosas que se pierden no se sabe dónde y que se buscan, en los bolsillos, con un convencimiento inútil.
No hace falta hablar más de la cuenta cuando nos encontramos tan lejos de ese camino que dejamos porque el que tomamos nos lleva a otro sitio. Ya sé que hay muchos caminos por recorrer pero todos debemos elegir uno y aprender a disfrutar del paisaje. No ser, como dijo Ángel, como esos taxistas que andan ocupando los dos carriles y que dificultan la marcha de los demás viajeros.
.
sábado, julio 22, 2006
La historia de Tatiana

En Puerto Ángel vive Pino, un italiano de sesentaycinco años que lleva más de veinte en México y que regenta un pequeño hotel en ese pueblo pesquero de la eternamente cálida costa del Pacífico.
Pino nos adoptó en cuanto cruzamos el umbral de su casa de huéspedes, una casa limpia y humilde. Nos prestó su cocina y se alegró mucho de poder hablar italiano con Fabrizio. Él es de Genova y conserva sus antiguos ideales comunistas aunque estaba muy desengañado con la Italia de Berlusconi. Echa de menos su tierra pero piensa que, después de pasar tanto tiempo exiliado, allá nada le espera. Se siente solo, a veces. Por eso compartimos más de una velada con él tomando el fresco en el porche.
Una noche nos contó la historia de Tatiana, una chica italiana que "recogió" y que vivió con él durante un año. Hasta que se tiró por las escaleras de roca del pueblo (una gran bajada al mar, un abismo), parece que intentándose suicidar. Sobrevivió. Quedó muy magullada y se la llevaron al hospital de D.F. Pino tuvo que entrevistarse con la policía, con la embajada italiana, con el hermano de la chica que llegó para saber qué había ocurrido y llevarse a su hermana.
Pino creía estar ayudando mucho a la chica y no le perdonó que se tirara ni que le metiera a él en ese lío. El hombre la cuidaba como a una hija, "le cocinaba, le lavaba la ropa, le compraba cigarrillos". Nos contó que ella fumaba mucho, leía mucho y bebía litros de café. Dice que era hermosa y que tenía unas manos divinas que convertían todo lo que tocaba en una obra de arte que luego vendía a los turistas por unos pocos pesos. De eso vivía.
Hasta que un día saltó volando por los aires, quizás creyéndose un pájaro.
Después de la desgracia Pino quedó esperando noticias. Ella nunca volvió a recoger sus cosas y cuando, un mes y medio después abandonó el hospital, regresó a Italia sin llamarlo. El hombre decía que ya no quería saber nada de ella. Quemó y dió parte de sus cosas. Se qeudó con lo que más le gustaba, un retrato "perfecto" de Zapata que hizo Tatiana y que él guarda para regalar, algún día, al centro Emiliano Zapata. También guarda sus diarios. Le dió la vuelta a la libreta y en ella anota sus gastos con gran minuciosidad.
Nos enseñó ese diario de Tatiana, escrito en italiano en su mayoría aunque tiene trozos en español. Unos escritos inquietantes, muy muy tristes. Muy muy oscuros. A ratos incomprensibles.
Yo no sé quién era su amor pero la última anotación del diario, pocos días antes de la tragedia, habla de que la persona a la que ama está enferma y pide ayuda a Dios. No sabré nunca qué pasó durante esos días. Solo que el día uno decidió saltar de las escaleras.
O a lo mejor pensaba que podría volar.
Bella Tatiana...
El rincón de mundo que habitaste en Puerto Ángel te piensa.
Te pensamos aunque no te entendamos. Aunque no podamos entenderlo todo.
miércoles, junio 21, 2006
Negroni
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