
Pronto hará más de cuatro años que estuve en Granada por primera vez. En esa ocasión no pude visitar la Alhambra porque era época estival y todas las entradas estaban vendidas. Fue una gran decepción a pesar de que sentía que ya conocía sus rincones de antiguo.
Todavía no sé cómo empezó pero siempre hablábamos de la Alhambra con Tono. Él la conocía y me explicaba sus bellezas, me contaba cómo era Granada y lo bonito que era pasear por el barrio alto y blanco del Albaycín o por el paseo de los tristes. Sus palabras me llenaban la imaginación con ese paseo que, descubrí ahora, se llama así porque antes llevaban por él a los muertos de camino al cementerio.
Con mi amigo planeábamos un viaje a Granada pero el tiempo pasaba y parecía que el destino nos separaba. Él se marchó a trabajar a Caracas y desde allí me mandó un regalo: era un fotocomposición que había hecho con dos fotos. En primer plano mi rostro mañanero de un día medio soleado de otoño frente a la Barceloneta (eso solo lo sé yo ,y él;y también sabemos los dos que era uno de sus barrios favoritos de Barcelona, por el mar)frente a un fondo donde aparece el imponente perfil de la Alhambra. Conservo esa foto ficticia como un tesoro, como una muestra de que algún día esa viaje se haría realidad. Así ,de cierta forma, nos unió la Alhambra y cuando por fin pude ir fue con él. Quedamos en la estación y vagamos juntos y alegres por ese camino triste que me pareció el más bello del mundo. Mi única pena fue que no pude ver el palacio por dentro y me fui con la certeza de que algún día regresaría.
Hace pocos días volví sobre mis pasos y regresé a Granada para entrar en la Alhambra y reencontrar a una amiga. Me levanté temprano y recorrí toda la ciudad a pie para llegar a sus puertas. Subí la cuesta escuchando la caída del agua. Lunes de frío y llovizna. Sin problemas para la entrada. Vería un palacio de invierno en el que sólo se olía el laurel pero con tal intensidad que todavía llevo el aroma pegado al recuerdo. Estaban plantando alhelíes y podando los setos. Andé sus rincones y vi sus palacios. Sus muros están cubiertos de poesía árabe y de filigranas en yesería y cerámica. Lo que era morada de sultanes es también un paraíso en la tierra. Mientras paseaba por allí mi soledad pensaba muchas cosas y entonces me aparecía la esposa de Boadbil con su cabellera larga y negra, y sus ojos profundos. La veía junto a un cabellero abencerraje muy hermoso, los dos bajo el ciprés ahora herido de muerte pero ocupando todo su espacio en el patio. Y me estremecí cuando ví la mancha roja en la sala de los Abencerrajes, donde dice la leyenda que degollaron a esa noble alcurnia de caballeros. En realidad era imposible sentirse sola ante tanta historia, ante tanta obra de arte irrepetible.
Se hace difícil creer que todo eso haya sobrevivido tan bien al paso del tiempo. La tradición popular dice que en ese lugar todo está protegido por un hechizo. Será que todavía todos esos personajes legendarios la habitan para guardar sus tesoros. Será que simboliza mucho más que un palacio oriental en una cumbre occidental que se alza como atalaya de la ciudad para mostrarnos su verdad. Será que en él se unen dos grandes culturas, dos religiones, dos mundos que han quedado unidos eternamente. El símbolo de la amistad que reencontré, el símbolo de la amistad que paseé y que sigo conservando.
2 comentarios:
Y el dia que yo recorra nuevamente la alhambra , me reencontraré con estas tus palabras , con tus cabelleros imaginados , con la mujer de pelo muy negro y piel muy blanca , y entonces , con tus palabras tu me regalas tu compania ( y la de tus personajes) para mi proxima visita.
La vaig visitar de mot jove, amb un peu a la infantesa i l'altre a l'adolescència. Ara, hi he tornat de la teva mà, gràcies preciosa!
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